Pegarle al perro no es educarlo: qué dice la ciencia

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Tenencia responsable · Sector oriente

Pegarle al perro no es educarlo: qué dice la ciencia y qué dice la ley chilena

Una vecina de Santiago relató haber presenciado a alguien golpeando a su perro para que caminara más despacio. El caso abre dos preguntas: por qué el castigo no enseña, y qué hacer con la rabia que produce verlo.

Una alerta de Aviso comunitario El castigo no enseña la conducta: enseña a temer a quien castiga.

El 30 de julio de 2026, una vecina del sector oriente de Santiago publicó en SOSAFE uno de los reportes más detallados del día. Relata que presenció a una persona golpeando a su perro durante el paseo mientras le repetía «despacio», que el animal llevaba dos correas al cuello y que bajaba las orejas y mostraba con el cuerpo que quería irse. No denuncia un caso extremo: denuncia algo cotidiano y socialmente tolerado, corregir al perro a golpes en plena calle. Y eso es, justamente, lo que lo hace importante.

Lo que relata la vecina

El reporte está escrito con una precisión poco común. La autora aclara que no conoce al perro ni a quien lo paseaba, y que entiende que hay situaciones en que un animal no obedece. Pero describe lo que vio sin adornos: golpes mientras se le repetía una orden, dos correas sujetas al cuello y un perro con las orejas bajas que intentaba alejarse. Cierra con una frase que vale como titular: si tiene problemas con su perro, edúquelo con un profesional.

Conviene ser cuidadosos: es el relato de una testigo, no un hecho verificado, y nadie está identificado ni corresponde identificarlo. Pero la escena se repite en todos los barrios.

Lo que el perro estaba diciendo

Los perros comunican incomodidad mucho antes de gruñir. Los especialistas llaman a esto señales de calma, y son reconocibles una vez que se sabe mirar: orejas hacia atrás, lamerse el hocico fuera de la comida, bostezar sin sueño, desviar la mirada, cuerpo bajo y cola recogida, jadeo sin calor, sacudirse de golpe en una situación tensa. Y la más evidente, la que describió la vecina: intentar irse.

Un perro que muestra estas señales no desafía a nadie: pide que la presión baje. Si la presión sube igual, aprende que avisar no sirve y pasa antes al gruñido o a la mordida. Por eso el castigo aumenta el riesgo en vez de reducirlo.

Por qué el castigo enseña miedo y no conducta

Las principales sociedades veterinarias de comportamiento animal —entre ellas la American Veterinary Society of Animal Behavior— recomiendan métodos basados en el refuerzo y desaconsejan los aversivos. El argumento no es sentimental, es técnico.

El castigo no informa: un golpe le dice al perro que algo es malo, pero no qué hacer en su lugar, y puede asociar el dolor con lo que tenía delante y no con su propia conducta. Suprime la señal y no el problema: reprimir un gruñido elimina la advertencia, no el malestar. Y deteriora el vínculo, porque los estudios comparativos muestran en los perros entrenados con métodos aversivos más conductas de estrés y una relación más evitativa con su tutor.

Nada de esto significa que quien tira de la correa sea mala persona: casi siempre repite lo que vio toda su vida y no sabe que existe otra forma.

Tres ejercicios para el perro que tira de la correa

1. La correa floja paga. Cuando la correa se afloja, marca con una palabra corta y entrega un premio muy pequeño. Cuando se tensa, detente: no tironees, simplemente no avances. El perro aprende que la tensión frena el paseo y la soltura lo continúa.

2. Cambios de dirección. Cada vez que se adelante, gira suavemente y premia cuando te alcance. El paseo se vuelve un juego de atención y no una competencia de fuerza.

3. «Mírame» antes del estímulo. Practica en casa una señal para que el perro te mire y pídesela cuando veas venir de lejos aquello que lo activa. Construyes la respuesta alternativa antes de que aparezca la reacción.

Sesiones cortas y frecuentes, en un lugar tranquilo. Si el perro reacciona con miedo o agresividad, no lo trabajes solo: es caso para un profesional.

Collares y arneses: qué evitar

El detalle de las dos correas al cuello no es menor: la tráquea, el esófago, la tiroides y los vasos y nervios del cuello son estructuras delicadas. Los collares de ahorque o de púas concentran la fuerza justo ahí y se asocian a lesiones traqueales y de tejidos blandos; los eléctricos están desaconsejados por las mismas sociedades. La alternativa es un arnés de pecho bien ajustado. Antes de cambiar de equipo, consúltalo con tu veterinario.

Denunciar no es funar

El hilo tomó rápidamente otro rumbo: varios vecinos pidieron ubicar a la persona y hacerle seguimiento, y algunos mensajes llegaron a proponer agredirla. No se reproducen aquí: ese camino no ayuda al animal, expone legalmente a quien lo intenta y termina con la persona a la defensiva y el perro donde estaba.

Si el hecho está ocurriendo, llama a Carabineros al 133 y denuncia maltrato animal en flagrancia; fue lo que sugirió, con buen criterio, uno de los comentarios. Si ya ocurrió, puedes denunciar en una comisaría, en la Comisaría Virtual, ante la PDI —cuya brigada especializada en delitos contra el medioambiente recibe estos casos— o en la fiscalía. El Código Penal sanciona el maltrato y la crueldad animal: toda conducta, por acción u omisión, que de manera injustificada cause daño, sufrimiento o dolor a un animal. Para infracciones a la tenencia responsable el canal es el municipio y el Juzgado de Policía Local, en el marco de la Ley 21.020.

Un comentario proponía avisar al organismo nacional de prevención de desastres. No es la vía: coordina emergencias y catástrofes, no denuncias por maltrato. Y registra lo que puedas —hora, lugar, descripción de la conducta— sin exponer el rostro ni los datos de nadie en redes.

Cómo elegir un adiestrador que trabaje en positivo

Pregúntale qué hace cuando el perro se equivoca. Si la respuesta incluye tirones, collares de castigo o «dominar» al animal, sigue buscando. Un buen profesional explica su método antes de cobrar, trabaja con refuerzo y deriva al veterinario cuando sospecha dolor detrás de la conducta.

Si ves una situación de maltrato animal en tu barrio, repórtala en SOSAFE describiendo la conducta y el lugar, sin exponer a personas identificables: así la alerta sirve y no se transforma en escrache. Comparte este artículo con quien esté empezando con un perro: la tenencia responsable también se aprende entre vecinos.

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Voces del hilo

De los 13 comentarios del hilo original, destacamos algunas voces (anonimizadas):

Vecina que presenció la escena

Relata que reconoció señales de estrés en el animal —orejas bajas, la intención evidente de alejarse— y cierra pidiendo que quien tenga dificultades con su perro busque ayuda profesional en vez de castigarlo.

Vecino del sector

Recordó que, ante un hecho de maltrato en curso, corresponde llamar a Carabineros y denunciar por flagrancia, en lugar de intentar resolverlo por cuenta propia.

Vecina del sector

Admitió que quiso decir algo en el momento y no se atrevió. Es una reacción muy frecuente, y por eso conviene tener claro de antemano a quién llamar.

Vecino del sector

Propuso avisar a un organismo de emergencias y desastres, que no es la vía correcta para estos casos: esa confusión sobre el canal es parte del problema que este artículo intenta resolver.

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Esta nota se basa en un reporte publicado por la comunidad de SOSAFE. El relato corresponde a la percepción de una testigo y no a un hecho verificado; está anonimizado y no incluye descripción ni ubicación que permitan identificar a persona alguna. Se omitieron los comentarios del hilo que llamaban a agredir o a ubicar el domicilio de la persona involucrada. Las recomendaciones de manejo y adiestramiento son orientativas: consulta a un médico veterinario o a un especialista en conducta animal para tu caso, y a un abogado si necesitas asesoría legal.